A la velocidad que permite la saliva
me sujetas con la voz alzada
adoras el teléfono apuntando hacia tu cara
mostrarme así los pómulos
el fondo de la calle
semáforos en verde que en esquinas de pantalla
pixelean luces
Estás aún en camino cuando vamos untando
a ojos aún abiertos
los brazos
las costillas
los talones
y en esta calistenia de esperanzas inmóviles
siento en los hombros el callar amenazante
de quien ya cerca de su última marcha
empuja un largo aliento
y frena ante mi puerta
en las piernas
revoluciones que se pelan como cáscara de fruta
Cada domingo nuestro es otra rosa en el cabello
invades mi casa
dejas la ropa por el piso
te gusta
echar atrás los hombros
y junto a la ventana donde cuelgan las llaves
eres mi cobra que se estira despejando los tendones
la lengua bífida
ausculta el aire
vigor calórico
ojos
boca
uñas en brillos estelares de montaña
en el ballet giratorio hacia el plafón rectancular
que nos permite
ver nuestros cuerpos
(Siempre pagaste una que otra consecuencia
de forzarte a ti misma
a despetar primero
esperando los regalos
que el sol cosecha
mientras mi ansia se destiempla
Es una hélice
un rotor
eres un boomerang lanzado hacia la aorta)
Ahora que han circunvalado pájaros negros
espiando nuestros pasos
mientras se cubren un ojo con el ala
vamos a quebrar el vidrio
y así a manera de soldados recluídos
tras apoyar en la siembra
a los desolados campesinos tras la guerra
morderemos el polvo húmedo
y nos diremos hasta luego
con las legañas
propias de un lunes.