Un martes diecisiete yo recién aprendía
que tú obrabas solamente con base en calendarios
caras de la luna y constelaciones ralas
Nunca das la otra mejilla porque quieres ser parca
pero el quebrar de los hielos que soportan nuestros pasos
te estremece las rodillas y me abrazas
(Supe entonces que no eres tan águila)
Ese martes diecisiete me viste las vértebras
dolientes porque te tendí una balsa
al verte libre pero muerta aleteando sobre el agua
(Fue un día sin luna y todo jugaba en tu contra)
Y las aves de rapiña circundaban
y estos restos aún latían y jadeaban
cada vez que era tocados por las olas.
