Alguna vez oímos
mientras nuestras madres
nos echaban en las sábanas
promesas amenazas
de aquellas que los niños
disfrutan cerrando los ojos
y los puños
para olvidar luego creciendo
de médula y molares
fogón en las paredes
páginas que afilan sueños
así comenzamos a vestirnos de harapos
de princesas y caballos
algunos
los más atentos
nos quedamos allí desnudos.
