Talados los árboles a brazada
eléctrica
el fango huérfano vejado
muestra
las señales inequívocas
de un arrebatamiento tesalonicense
Con el bosque al ras y de rodillas
tras habernos prometido
cortar solo las ramas sobrantes
deformes
y no funcionales
nos miramos las caras ahora
La toda tierra sin embargo
inerte mujer echada
desollada
se nos mueve nuevamente
se nos gira
nos respira.