LA CABEZA
Ésta
es tu cabeza
no solo es el cabello
sobre los párpados
los cúmulos arriba
la cáscara de tierra o el espacio
no es la maravilla
tampoco la lisonja
aprieta los nudillos ahora
contra tus dientes / muerde
ésta es tu propia lucha
contra los persas
LAS VÍSCERAS
Heródoto
describió a estos ejércitos
halagando su bravura y elegancia
soldados vestidos enjoyados
pensó en su patria
*estoy halagando al enemigo*
belleza gira en la gracia al enfundarse
al reconstituir sus formaciones
al verse perdidos sin armas
corrían a puño limpio
contra los escudos las espadas y las lanzas
que los atravesarían.
Soy piedra
Cuelgo la mochila de líquenes
Y el canguro
Al espaldar de la silla
Respondo una que otra palabra
Gentil sobre: -El clima o la belleza
-Musas de cuencos oculares vaciados
-Robóticas cuestiones laborales
-Nuestra capital y su tráfico
(Gallinero de ciegos)
-Tonadas sin iris izquierdos ni derechos
pero compuestas para agudos oídos (todos son liebres)
Hoy me siento sin embargo
Menos culpable
Porque la ceguera de mis acompañantes
Involuntarios
Los delata
Ellos también son piedra.
Jamás las mandarinas fueron tan dulces
lo sé luego haberte biselado
con hambre de reposo
cinceles en sudor a los costados
aunque espontáneo
unté de tu paleta
el cítrico y el dulce en cada gajo
dentro más sabores que enseguida
convirtieron
los nuncas antes en memorias que se palpan
así en mi boca
mordimos ambos
nos ofrecimos
una temporada más de siembra
nuevos recuerdos
experimentos
de sueño y roca.
Hoy se cumplen siete años
y cuánta aguja en los ojales
en cuántas cenas de ayuno con sus platos
hemos empujado el hambre
noches de cuna / líbrate pronto / quédate sola
entre los carretes del hilo y la lana
te apoyas sin apuro en la ventana que da al patio
amado alféizar
besas la luna
yo soy aquel neurálgico que mira y finge y calla
por no arruinar tu risa
por no quebrarte los hombros
el tuyo es un retrato en movimiento
que me explota
en la cara
une mis manos en ruego coránico
(solo siento que me escarcho de oro pálido)
no sé orar / solo remedo
soy una mantis
¿Alguna vez sentiste
que pesan tanto tu cabeza y tus espaldas
que el caer de rodillas
se siente una victoria?
Padecer de algún trastorno en la memoria
viene con un gran beneficio: es mirar hacia atrás
y no tener historia.
Mis párpados se caen con el impacto
de los látigos allá tras la ventana
voy al suelo
se estrellan balas de palomas
a corazón templado sobre el vidrio que es mi pecho
no sé quién nos apunta
pero es bueno
lo sé porque no corre
respira y es sereno como un duque
arma una curva en cada lanza de la pólvora
respeto su osadía
el láser en las frentes te contrae una sonrisa
levanto escala grieta de succiones
en cada mira apunta hacia el injerto
revientan los floreros
aorta
te llueven los cristales las cortinas
nos ha llegado el garfio esta vigilia juntos
capaz de hundir la casa en su metralla
me cuidas con tu espalda
bastiones de cañón en la columna y se te rajan
los antebrazos las uñas lilas
hasta que el fuego cesa
y como no hay paredes que recubran de colirio
el agua oxigenada que me lanzas asustada
con tu pavor de rama quieta
somos el amor de las medusas transeúntes
que al mirarnos en inercia cuando el verso del sicario
por fin se ha detenido
vuelven a hilar sus pasos
como si nada.
Sostengo la frazada con un brazo
mientras flexionas las piernas
el arco de polyéster donde vuelcas las rodillas
tararea con voz de cuna
sin abrir los labios
retumba la operetta mientras miro aún dormido
no sé si yo la canto o eres piloto eufórica
el cuerpo se te ondula y estamos habituados
a las tareas mecánicas
a los pies fríos
a los cantares sin cantares
a los salmos de cubierta a pechos duros
que asimilan
las gotas incipientes que del piso en su tormenta
salpican y se queman
golpeando las costillas
bienvenida tú a mi costa
aquí a la brevedad de los eternos
a estos microclimas donde el hazme
se vuelve hiéramos.